“¿ quién hubiera
podido prever en 1900 cómo iba a ser la vida en 1968? Es mucho más fácil hacer
predicciones en torno a la tecnología que en torno a la vida humana”.
Stanley Kubrick – Septiembre de 1968.
STANLEY KUBRICK EN UNA RARA ENTREVISTA SE SINCERA SOBRE EL PAPEL DE HOMBRE
EN UN VASTO E INDIFERENTE UNIVERSO: PROYECTAR SU PROPIA LUZ, FORJAR SU PROPIO
SENTIDO
Brain Pickings
publica una vieja entrevista de Stanley Kubrick en Playboy (cuando Playboy
además de conejitas tenía detrás de sus páginas a las mentes más brillantes:
Robert Anton Wilson fue su editor). En una demostración de aguda sensibilidad,
el impenetrable director de algunas de las mejores películas del cine,
especialmente de la enigmática 2001: Odisea en el Espacio, se revela como un
maestro psicologista capaz de penetrar en el oscuro mandala de la condición
humana. Kubrick, a sabiendas o simplemente porque la más profunda lucidez llega
a la misma sombra psíquica, casi calca la frase de Carl Jung: "el único
propósito de la existencia humana es encender una luz en la
oscuridad del mero ser". Y así Kubrick nos permite descubrir el
sentido de sus películas (0 de hacer cine), que después de todo son justamente
eso: luz humana que ilumina la oscuridad.
Kubrick: Supongo que todo se
reduce a una asombrosa conciencia de la mortalidad. Nuestra habilidad, a
diferencia de otros animales, de conceptualizar nuestra propia muerte crea
enorme sufrimiento psíquico; aunque lo admitamos o no, en el pecho de cada
hombre hay un pequeño cofre de miedo apuntado a este conocimiento final que
carcome su ego y su sentido de propósito. Somos afortunados, en cierta forma,
que nuestro cuerpo, y la realización de sus funciones y necesidades,
juega un papel tan importanteen nuestras vidas; esta concha psíquica crea un
amortiguador entre nosotros y la noción paralizante de que solo algunos
años de existencia separan la vida de la muerte. Si el hombre realmente se
sentará a pensar sobre este inminente desenlace, y su aterradora
insignificancia y soledad en el cosmos, seguramente peredería la cabeza, o
sucumbiría a un sentido de futilidad aquiescente. ¿Por qué, se podría
preguntar, debería de molestarse escribiendo una gran sinfonía, o luchar para
ganarse la vida, incluso amarse entre sí, cuando no es más que un
momentáneo microbio en una partícula de polvo girando en la inmensidad del
espacio?
[...] Las grandes religiones, a pesar de todo su campanilismo, proveyeron
una especie de consolación a este gran dolor; pero mientras los hombre del
clero ahora pronuncian la muerte de Dios, para citar a Arnold, otra vez
"el mar de fe" se aleja del mundo con una "largo y melancólico
aullido", el hombre no tiene muletas en las que apoyarse -- y no hay
esperanza, no obstante lo irracional, que dé sentido a la existencia.
Este quebranto de nuestro reconocimiento moral es la raíz de muchas más
enfermedades mentales de lo que los psiquiatras se dan cuenta.
Playboy: ¿Si la vida carece tanto de propósito, sientes que vale la pena
vivir?
Kubrick: Justamente la falta de sentido de la vida obliga al hombre a crear su
propio sentido. Los niños, obviamente, empiezan la vida con un sentido de
asombro impoluto, una capacidad de experimentar alegría total por algo tan
sencillo como el verde de una hoja; pero al crecer, la conciencia de la muerte
y la decadencia empieza a impregnarse en ellos y a sutilmente erosionar su joie
de vivre , su idealismo --su asunción de inmortalidad. Al madurar un niño
ve la muerte y el dolor que lo rodean en todos lados, y empieza a perder fe en
la bondad última del hombre. Pero si es razonablemente fuerte --y afortunado--
puede surgir de ese crepúsculo del alma a un renacimiento del elan de la vida.
Tanto por esta conciencia del sinsentido de la vida como a pesar de ello,
puede forjar una sensación fresca de afirmación y propósito. Tal vez no vuelva
a capturar la misma pureza sensorial de asombro con la que nació, pero puede
dar forma a algo más duradero y sostenible. El hecho más terrorífico del
universo no es qu éstee sea hóstil e indiferente; sino que si podemos
conciliarnos con esta indiferencia y aceptar el desafío de la vida dentro de la
frontera de la muerte --no importa cuán mutable el hombre pueda hacerlos --
nuestra existencia como especie puede alcanzar genuino significado y
realización. No obstante lo vasto de la oscuridad, debemos de proveer nuestra
propia luz.
(Aparte de una entrevista publicada en Playboy de
septiembre de 1968)

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