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lunes, 27 de junio de 2016

LA TIENDA Y EL COMERCIO ELECTRONICO, ESTRATEGÍA PARA EL FUTURO

La publicidad y el marketing están en la tarea de brindar nuevas alternativas en busca de los compradores electrónicos para ofrecerles experiencias en el punto de venta, según un estudio realizado por Zebra Techologies Corporation, conectividad, información y la competitividad son pilares clave para los compradores.



En el estudio titulado The Connected Shopper in Latin America: How Latin American Retailers Can Enhance the In-store Customer Experience, los encuestados  fueron ejecutivos de TI y marketing en empresas de comercio minorista, representados equitativamente en Chile, Brasil, México y Colombia, y compartieron su opinión para conocer cómo utilizan la tecnología y así satisfacer las crecientes expectativas de los clientes.  La mayoría de los encuestados emplean entre 500 y 5000 personas en sus operaciones.

Según las personas consultadas, hoy en día, los clientes son más exigentes que nunca y esperan la mejor experiencia en la tienda. Hasta los clientes más fieles cambiarán a un competidor si la experiencia de compra no es óptima.

“A medida que los avances tecnológicos evolucionan para apoyar las demandas de negocios, hay una creciente necesidad para que los minoristas sepan cómo aprovechar de la tecnología y proporcionar una mejor experiencia del cliente en la tienda. Los resultados de esta encuesta son extremadamente útiles para saber cómo los mercados de América Latina están respondiendo y adaptándose a estas nuevas herramientas. En Zebra, somos capaces de proporcionar soluciones de negocio para ayudar a los minoristas alcanzar nuevos niveles de eficiencia y visibilidad, y también brindar más valor para los clientes", aseguró Ana María Cabrales, Regional Solutions Sr. Marketing Manager - Retail & Hospitality, Latin America, Zebra Technologies.


DATOS CLAVE

  •   El 82% de los minoristas encuestados permiten que los clientes se conecten a la red en la tienda a través de una aplicación de fidelización/ lealtad; pero sólo el 46% utiliza la conexión para comprender el comportamiento del cliente en línea. 

  •  El 18% de los minoristas encuestados se conectan con los clientes de América Latina a través de teléfonos inteligentes inalámbricos; 46% a través de kioscos de información; 34% a través de cajas de autoservicio, y 42% a través de pagos efectuados por móvil.

  •   En general, los minoristas que respondieron en América Latina utilizan la información obtenida por tarjetas de crédito, débito y de lealtad para identificar artículos comprados juntos (62%), reaprovisionamiento de estanterías (60%) e identificación de tipos de compradores (59%), entre otros descubrimientos. 
  •  El 80% de los minoristas encuestados de América Latina siguen enviando catálogos impresos; sin embargo, el 50% tienen como objetivo enviar ofertas personalizadas a los dispositivos dentro de la tienda en el futuro.

viernes, 24 de junio de 2016

LA MASIFICACIÓN DE LA FOTOGRAFÍA

“You press the botton, we do the rest.”



Desde sus inicios en 1839, la producción y el consumo de la fotografía había estado limitado a un grupo selecto de personas que contaran con suficientes recursos para poder adquirir una cámara oscura, así como todo el equipo que implicaba la práctica fotográfica en ese tiempo: soportes y químicos. A partir de la segunda mitad del siglo XIX hay una democratización de la imagen fotográfica debido a la introducción de la carte de visite al mercado. La fotografía antes de este formato, contaba con un soporte metálico o de vidrio, lo cual hacía que la producción y la fotografía como objeto fueran más costosos. La carte de visite, al ofrecer un soporte de papel, hacia posible que un mayor número de personas pudiera ir a un estudio a hacerse un retrato. Sin embargo, la fotografía (en tanto su producción como su consumo) seguía siendo sólo para unos cuantos. ¿En qué momento el acto fotográfico fue algo tan común y cómo fue que la fotografía llegó a ser el medio de reproducción masiva de imágenes que conocemos hoy?

Hoy en día el fotógrafo como profesionista no se ha extinto a pesar de que la industria logró abrirse paso a un público de aficionados. Con el abaratamiento de las cámaras a finales del siglo XIX se redefinieron las formas de hacer y de entender la fotografía, se le dotó de nuevas funciones y de diversos usos a nivel social. La masificación de la imagen y de los aparatos de reproducción comenzó a partir del año 1888 con la invención y el registro de la patente cámara Kodak, cuando George Eastman se dirigió principalmente a los fotógrafos aficionados. Desde entonces y hasta el momento de la fundación de la Eastman Kodak Company en 1892, la empresa produciría cámaras de manera masiva y a un bajo costo. Esto causaría que la producción fotográfica dejara de realizarse exclusivamente en el espacio cerrado del estudio fotográfico y que las fotografías realizadas en el exterior no fueran necesariamente producto del trabajo de los fotógrafos de prensa.

Con la llegada de la Kodak, la cámara entraba a la vida privada de las personas, principalmente a un grupo específico: la familia. La fotografía comenzó dirigirse a los aficionados y a sus actividades diarias, a la vida familiar, a las reuniones importantes y a las vacaciones. El ocio comenzó a ser más frecuente en un mundo más moderno, por tratarse de un tiempo de recreación fuera del trabajo y en el que el individuo se integraba a un grupo. «Vacacionar significa más si haces Kodak», anunciaba la publicidad de la marca, y ese sentido de pertenencia debía quedar registrado a nivel visual a través de la fotografía.

La propuesta de Kodak era hacer que no se necesitara de mucho conocimiento sobre el manejo de una cámara para hacer fotografías, pues éste dejó de ser el principal objetivo del fotógrafo. Se trataba más bien de hacer que los aficionados se convirtieran en meros operarios de la cámara: «You press the button, we do the rest.» Así, empiezan a aparecer nuevas formas de apropiación de las imágenes del mundo real, en la que el encuadre y la composición pasaron a un segundo término. «Una Kodak para navidad es el regalo más apropiado para cualquier ser querido… o para toda la familia. Fácil de llevar y sencilla de manejar, la Kodak proporciona desde un principio buenas fotografías» El discurso es más que visible: la cámara es la máquina que hace posible que las imágenes sean buenas. Además la cámara y la fotografía como productos en sí mismos confieren a los individuos, según se anuncia, emociones positivas que trastocan las barrera del tiempo: el pasado queda registrado para disfrutarse en el futuro: «Felicidad al tomar las fotografías, placer al volverlas a ver en el álbum años después, recuerdo permanente de todo lo bueno ya pasado, eso proporciona la Kodak.» Es notorio observar cómo a partir de la publicidad se crean experiencias que parece necesario poder adquirir.

La fotografía había sido considerada un arte menor, no sólo porque reproducía mecánicamente la realidad, lo cual hacía que el fotógrafo no fuera visto como artista sino como operador. Además estaba dirigida a una clase media que podía adquirir un retrato a un costo moderado. A pesar de que se habla de masificación de la imagen con la entrada de la Kodak a la industria fotográfica, esto no significa que la cámara y la fotografía llegaran a estratos realmente bajos. Sólo cambió el modus operandi del acto fotográfico, permitiendo así que el grupo que iba a retratarse a un estudio prácticamente dejara de necesitar al fotógrafo.
Sin embargo, la revolución de la Kodak no sólo fue debido del alcance que tuvo en términos de consumo de cámaras y productos fotográficos, o en el cambio en los modos de hacer fotografía de la burguesía, sino también en la forma de ampliar la venta de sus productos a través de la publicidad. Las nociones de negocio del señor Eastman eran revolucionarias, pues innovó la industria de la fotografía gracias al enfoque que hubo en el consumidor.

Eastman incentivó la práctica fotográfica de tal modo que a través de la publicidad de sus productos se crearon necesidades y nuevos modos de vida que debían de ser consumidos. La prensa fue un excelente medio para hacer que se difundieran los productos en venta, pero también para que se divulgaran modelos de comportamiento socialmente aceptados y para normalizar los aspectos más importantes de la vida cotidiana como las modas, las costumbres y los eventos sociales. En ese sentido, el papel de la publicidad fue de gran importancia, ya que «[…] construyó necesidades, vendió ideales y definió la feminidad en términos materiales y de venta».

Las últimas orientaciones del capitalismo, menciona Gilles Lipovetsky en La felicidad paradójica, se enfocan en multiplicar necesidades infinitas, se conciben nuevas normas de relacionarse con las cosas y con el tiempo.

La empresa de cámaras fotográficas de Eastman comenzó a afianzarse en una sociedad de consumo que empezaba a tomar forma desde finales del siglo XIX, es decir, un modelo que comenzaba a caracterizarse por el papel central del consumidor.[7] Sin duda alguna, la Kodak  masificó y homogeneizó algunos tipos de comportamientos a nivel social, así como también creó necesidades que giraron en torno al acto fotográfico y no tanto en torno a la fotografía como objeto. La necesidad actual de fotografiarlo todo es, a mi parecer, un resultado de las primeras incursiones de Kodak en el ámbito de la publicidad y en la relación que Eastman logró hacer entre la fotografía y las ganas de los individuos de forjar y reafirmar su individualismo al exhibir su vida privada a través de las imágenes.


Tomado de: secretaria de cultura de México, por Vera Castillo

jueves, 23 de junio de 2016

17 AÑOS SIN STANLEY KUBRICK

“¿ quién hubiera podido prever en 1900 cómo iba a ser la vida en 1968? Es mucho más fácil hacer predicciones en torno a la tecnología que en torno a la vida humana”.

Stanley Kubrick – Septiembre de 1968.




STANLEY KUBRICK EN UNA RARA ENTREVISTA SE SINCERA SOBRE EL PAPEL DE HOMBRE EN UN VASTO E INDIFERENTE UNIVERSO: PROYECTAR SU PROPIA LUZ, FORJAR SU PROPIO SENTIDO

Brain Pickings publica una vieja entrevista de Stanley Kubrick en Playboy (cuando Playboy además de conejitas tenía detrás de sus páginas a las mentes más brillantes: Robert Anton Wilson fue su editor). En una demostración de aguda sensibilidad, el impenetrable director de algunas de las mejores películas del cine, especialmente de la enigmática 2001: Odisea en el Espacio, se revela como un maestro psicologista capaz de penetrar en el oscuro mandala de la condición humana. Kubrick, a sabiendas o simplemente porque la más profunda lucidez llega a la misma sombra psíquica, casi calca la frase de Carl Jung: "el único propósito de la existencia humana es encender una luz en la oscuridad del mero ser". Y así Kubrick nos permite descubrir el sentido de sus películas (0 de hacer cine), que después de todo son justamente eso: luz humana que ilumina la oscuridad.

Kubrick: Supongo que todo se reduce a una asombrosa conciencia de la mortalidad. Nuestra habilidad, a diferencia de otros animales, de conceptualizar nuestra propia muerte crea enorme sufrimiento psíquico; aunque lo admitamos o no, en el pecho de cada hombre hay un pequeño cofre de miedo apuntado a este conocimiento final que carcome su ego y su sentido de propósito. Somos afortunados, en cierta forma,  que nuestro cuerpo, y la realización de sus funciones y necesidades, juega un papel tan importanteen nuestras vidas; esta concha psíquica crea un amortiguador  entre nosotros y la noción paralizante de que solo algunos años de existencia separan la vida de la muerte. Si el hombre realmente se sentará a pensar sobre este inminente desenlace, y su aterradora insignificancia y soledad en el cosmos, seguramente peredería la cabeza, o sucumbiría a un sentido de futilidad aquiescente. ¿Por qué, se podría preguntar, debería de molestarse escribiendo una gran sinfonía, o luchar para ganarse la vida, incluso amarse entre sí,  cuando no es más que un momentáneo microbio en una partícula de polvo girando en la inmensidad del espacio?
[...] Las grandes religiones, a pesar de todo su campanilismo, proveyeron una especie de consolación a este gran dolor; pero mientras los hombre del clero ahora pronuncian la muerte de Dios, para citar a Arnold, otra vez "el mar de fe" se aleja del mundo con una "largo y melancólico aullido", el hombre no tiene muletas en las que apoyarse -- y no hay esperanza,  no obstante lo irracional, que dé sentido a la existencia. Este quebranto de nuestro reconocimiento moral es la raíz de muchas más enfermedades mentales de lo que los psiquiatras se dan cuenta.

Playboy:  ¿Si la vida carece tanto de propósito, sientes que vale la pena vivir?

Kubrick: Justamente la falta de sentido de la vida obliga al hombre a crear su propio sentido. Los niños, obviamente, empiezan la vida con un sentido de asombro impoluto, una capacidad de experimentar alegría total por algo tan sencillo como el verde de una hoja; pero al crecer, la conciencia de la muerte y la decadencia empieza a impregnarse en ellos y a sutilmente erosionar su joie de vivre , su idealismo --su asunción de inmortalidad. Al madurar un niño ve la muerte y el dolor que lo rodean en todos lados, y empieza a perder fe en la bondad última del hombre. Pero si es razonablemente fuerte --y afortunado-- puede surgir de ese crepúsculo del alma a un renacimiento del elan de la vida. Tanto por esta conciencia  del sinsentido de la vida como a pesar de ello, puede forjar una sensación fresca de afirmación y propósito. Tal vez no vuelva a capturar la misma pureza sensorial de asombro con la que nació, pero puede dar forma a algo más duradero y sostenible.  El hecho más terrorífico del universo no es qu éstee sea hóstil e indiferente; sino que si podemos conciliarnos con esta indiferencia y aceptar el desafío de la vida dentro de la frontera de la muerte --no importa cuán mutable el hombre pueda hacerlos -- nuestra existencia como especie puede alcanzar genuino significado y realización. No obstante lo vasto de la oscuridad, debemos de proveer nuestra propia luz.

(Aparte de una entrevista publicada en Playboy de septiembre de 1968)

miércoles, 22 de junio de 2016

Cuándo quitar mi nombre de la puerta






"De una manera u otra cuando yo esté totalmente fuera de nuestras oficinas, es posible que ustedes o sus sucesores quieran quitar mi nombre de la puerta, también. Pueden querer llamarse “Twain, Rogers, Sawyer and Finn, Inc.”….. o bien “Ajax Advertising” o lo que sea. Y será ciertamente aceptable para mi, si es bueno para ustedes.

Pero déjenme decirles cuando les exigiré quitar mi nombre de la puerta.

Eso será el día en que ustedes pasen más tiempo tratando de hacer dinero que haciendo publicidad nuestra clase de publicidad.

Cuando se olviden que de la pura diversión de construir avisos, el gozo que se saca de ello —el ambiente creativo del lugar— tienen que ser para esta casta especial de escritores y artistas y profesionales de los negocios que componen nuestra empresa y la hace latir, por lo menos  tan importantes como el dinero.

Cuando pierdan la sensación de desasosiego porque nada de lo que hacen será jamás suficientemente bueno.

Cuando pierdan la seducción de la tarea por la tarea misma —independientemente del cliente, del dinero o del esfuerzo que tome.

Cuando ustedes pierdan la pasión por el esmero… su aversión por los cabos sueltos.
Cuando dejen de alcanzar el talante, la armonía, el matrimonio de las palabras y las imágenes que producen un efecto fresco, memorable y verosímil.

Cuando dejen de consagrarse cada mañana a la idea de que mejor publicidad es todo aquello en lo que la Compañía Leo Burnett consiste.

Cuando ya no sean lo que Thoreau llamó “una corporación con conciencia”  que significa para mi, una corporación de hombres y mujeres conscientes.

Cuando ustedes empiecen a transigir en su integridad que ha sido siempre la sangre y las verdaderas entrañas de esta agencia.

Cuando se rebajen a una cómoda practicidad y justifiquen de manera muy racional sus actos de oportunismo por la avidez del dinero rápido.

Cuando muestren el menor signo de crudeza, incorrección o impertinente suficiencia y pierdan ese sutil sentido de lo adecuado.

Cuando su principal interés se convierta solamente en una cuestión de tamaño —solo el hecho de ser grande— en vez de un trabajo bueno, arduo y maravilloso.

Cuando sus perspectivas se reduzcan al número de ventanas, de cero a cinco, en las paredes de su oficina.

Cuando pierdan la humildad y se conviertan en mandamás sabelotodo, un poco demasiado grandes para sus zapatos.

Cuando las manzanas se conviertan solamente en manzanas de comer o de pulir y ya no sean parte de nuestro tono o de nuestra personalidad.

Cuando desaprueben algo y destrocen a la persona que lo hizo y no al trabajo en sí.

Cuando dejen de construir ideas  y den inicio a una línea de producción de rutina.

Cuando dejen de creer que en el interés de la eficiencia, un espíritu creativo y la urgencia de crear pueden ser delegados y administrados y olviden de que solamente pueden ser nutridos, estimulados e inspirados.

Cuando empiecen a hablar de boquilla de que esta es una “agencia creativa” y dejen de ser una.

Y finalmente, cuando pierdan el respeto por el hombre solitario: el hombre sentado frente a su máquina de escribir o su tablero de dibujo o su cámara, o simplemente garabateando notas con uno de nuestros grandes lápices negros o trabajando toda la noche en un plan de medios. Cuando olviden que ese hombre solitario —y agradezco a Dios por él— ha hecho posible la agencia que tenemos ahora. Cuando olviden que es el hombre que por estirar su mano más alto, algunas veces alcanza a tomar por un momento una de esas sensacionales e inaccesibles estrellas.

Entonces es cuando, chicos y chicas, insistiré en que quiten mi nombre de la puerta. ¡Y por vida de Dios que será quitado de la puerta! Incluso si tengo que volver a materializarme lo suficiente, una noche, para borrarlo yo mismo de cada uno de los pisos de la agencia. Y antes de desmaterializarme de nuevo cubriré con pintura el símbolo de la mano estirada hacia las estrellas también. Y quemaré toda la papelería. Y quizás, al paso, romperé algunos avisos.

Y tiraré cada maldita manzana por el pozo del ascensor.
No reconocerán ustedes el lugar al día siguiente. Tendrán que buscarse un nuevo nombre".

Texto leído por Leo Burnett el 1º de diciembre de 1967.